EXPRESIONES Y OPINIONES
MORENA: EL CONTROL DEL PROCESO INTERNO
Luis Romero
La reconfiguración de la dirigencia nacional de Morena responde a un movimiento político que tendrá efectos directos en los 17 estados donde habrá elecciones para gobernador en 2027, entre ellos Tlaxcala.
Los recientes cambios en la estructura partidista envían un mensaje claro: la dirigencia nacional, encabezada por Ariadna Montiel, busca conducir de manera más estrecha el proceso de definición de candidaturas y reducir los márgenes de disputa interna que comenzaron a manifestarse desde hace varios meses.
La maniobra no es casual. El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo enfrenta presiones tanto en el ámbito interno como en el escenario internacional, mientras intenta consolidar el llamado Segundo Piso de la Cuarta Transformación. En ese contexto, preservar la unidad del partido se convierte en una prioridad política.
El regreso de Citlalli Hernández al Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena fue interpretado dentro del partido como un fortalecimiento de la conducción política del proceso sucesorio. No se trata únicamente de definir 17 candidaturas a gubernaturas; también estarán en juego cientos de presidencias, sindicaturas, regidurías, y diputaciones locales y federales, cuya importancia será determinante para mantener la presencia territorial del movimiento.
Naturalmente, estos cambios modifican los equilibrios internos y reducen la influencia de algunos operadores políticos identificados con el obradorismo.
Versiones surgidas desde la dirigencia morenista apuntan a que las negociaciones para construir candidaturas de unidad han resultado más complejas de lo previsto. En varios estados ha sido necesario convencer a algunos aspirantes de retirarse de la contienda para evitar fracturas internas, una operación política que aún continúa, y que seguramente se extenderá hacia la definición del resto de candidaturas para los ayuntamientos y los congresos locales y federal.
En ese contexto cobra relevancia la declaración que realizó semanas atrás la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena en Tijuana, al advertir que obtener una Coordinación Estatal para la Defensa de la Transformación no garantiza automáticamente la candidatura al gobierno de una entidad.
El mensaje tuvo un evidente contenido político: Morena busca dejar atrás la percepción de que las coordinaciones representan una candidatura anticipada para disciplinar a las y los aspirantes. La intención, al parecer, es mantener abiertas las posibilidades de decisión hasta etapas posteriores al proceso interno, con el propósito de preservar márgenes de maniobra que permitan atender las necesidades estratégicas del movimiento.
Por ello, aunque la convocatoria privilegia el método de la encuesta y contempla un sondeo previo para seleccionar seis perfiles —en casos como Tlaxcala, donde se registraron 11 aspirantes—, el partido conserva la posibilidad de incorporar variables adicionales, como la paridad de género, para garantizar la unidad interna.
Esto significa que la competitividad no necesariamente será el único criterio para definir una candidatura, especialmente en entidades donde Morena mantiene una amplia preferencia electoral.
Para quienes participen en los procesos internos, la señal es clara. Y para quienes puntean en los estudios demoscópicos, es una advertencia: obtener una Coordinación Estatal puede representar una ventaja política, pero ya no constituye un pase automático para aparecer en la boleta electoral.
Esta definición adquiere especial relevancia en Tlaxcala, donde la disputa interna comenzó hace varios meses y ha involucrado a distintos liderazgos.
En ese escenario, la capacidad para preservar la cohesión del partido sería ponderada, por lo que el oficio político de perfiles como Ana Lilia Rivera Rivera y Alfonso Sánchez García será estratégica para concretar negociaciones. Ya la senadora con licencia dio indicios de tal posibilidad con su llamado a la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros para procurar la unidad.
Para Morena, la elección de 2027 ya comenzó, y las decisiones recientes de la dirigencia nacional muestran que, para el partido en el poder, el control del proceso interno será tan importante como el resultado en las urnas.
Las opiniones, juicios y valoraciones expresadas en este espacio son responsabilidad exclusiva de su autor, por lo que no representan ni comprometen, de manera directa o indirecta, la postura, criterio o línea editorial del portal de noticias otrosdatos.com.mx
EXPRESIONES Y OPINIONES
LA LUCHA MORENISTA POR LA COORDINACIÓN PUEDE LLEVAR A TLAXCALA A ENFRENTAMIENTOS SOCIALES Y FAMILIARES
Prof. Miguel Ángel Meléndez Nava
Con la novedad de que en Morena sus precandidatos traen una guerra sin tregua, con fuego de ida y vuelta: descalificaciones, guerra sucia, filtraciones sobre la vida personal y hasta una competencia por mostrar quién puede reciclar a más políticos de la vieja guardia, personajes que ya estaban olvidados o que en algún momento fueron señalados por los propios morenistas de corrupción, prepotencia y enriquecimiento ilícito, pero que hoy se han transformado en figuras que dan el plus a los dos principales precandidatos.
Todo esto ocurre ante la indiferencia de su dirigencia nacional, que parece estar más ocupada en la selección de coordinadores en los estados grandes y con poder económico que en Tlaxcala, donde Morena no tiene rumbo, con una dirigencia estatal dividida y una líder que no decide nada hasta que recibe órdenes de la enviada de Palacio de Gobierno.
Esta división interna no solo está generando incertidumbre, sino también una confrontación entre los seguidores y algunos fanáticos de Alfonso Sánchez y Ana Lilia Rivera, lo que puede propiciar que el conflicto no se quede únicamente en los insultos de las redes sociales, sino que llegue a enfrentamientos con violencia.
Ahí es donde Morena a nivel nacional debe voltear hacia Tlaxcala, ya que la confrontación que hoy mantienen los dos grupos parece irreconciliable. Ambos saben que está en juego el poder durante seis años.
Quizá por ello, Citlalli Hernández, dirigente nacional morenista, ya señaló que no todos los coordinadores estatales van a convertirse en candidatos y, en el caso de Tlaxcala, puede darse una sorpresa: que surja un hombre o una mujer con la capacidad de unificar a los grupos.
Porque si Morena llega al 2027 dividido y confrontado, la alternancia puede darse una vez más.
Por cierto, los nuevos morenistas por conveniencia tienen, en su mayoría, experiencia política y poco a poco están tomando el timón de los dos proyectos, ya que ni Alfonso Sánchez ni Ana Lilia Rivera han demostrado, hasta ahora, experiencia y capacidad suficientes para ser buenos operadores políticos.
De ahí que, en análisis periodísticos nacionales, ya se maneje que para 2027 pueden cambiar los escenarios para el nombramiento de candidatos a las gubernaturas. En el caso de Tlaxcala, pueden aparecer dos nuevos tiradores: Óscar Flores Jiménez y Josefina Rodríguez, dos políticos con mayor visión política.
Lo que llama la atención es que los políticos reciclados que hoy son utilizados como símbolos de convocatoria y poder, en realidad ya cumplieron su ciclo. Sus equipos son pequeños y la sociedad tlaxcalteca ya no los ve como una buena opción. Es decir, los ciudadanos ya no se van con la finta, principalmente los jóvenes, quienes quieren ver nuevas generaciones de políticos con preparación profesional y una visión apegada a la nueva realidad que hoy se vive, marcada por la innovación tecnológica.
El reto no es fácil, pero las y los jóvenes pueden cambiar el rumbo de un estado que durante décadas ha estado, según esta visión, secuestrado por unas cuantas familias y por políticos que creen que pueden seguir heredando el poder.
Hasta el momento, ni Ana Lilia Rivera, que encabeza las encuestas, ni Alfonso Sánchez, que ocupa el segundo lugar, han tenido la capacidad de sentarse, dialogar y llegar a acuerdos que estén por encima de sus intereses personales y de grupo.
Y si no tienen la capacidad de dialogar, ¿cómo quieren gobernar un estado?
En el otro frente, la oposición parece no haber entendido que, divididas, sus principales fuerzas políticas difícilmente pueden aspirar a llegar al poder. Cada una camina por su lado, pensando más en sus intereses personales, familiares y de grupo, y olvidando que para ganar deben tener la capacidad de dialogar y alcanzar acuerdos que les permitan ser competitivas rumbo a 2027.
Según mi apreciación, los seguidores y afiliados de los partidos opositores seguramente están muy atentos al rumbo que sus dirigentes pretenden darles. Y no será extraño que, si no observan posibilidades ni capacidad para construir una alianza, decidan emigrar hacia donde perciban que estará el poder.
De ahí que Anabel Ávalos, Enrique Padilla, Miriam Martínez, Ángelo Gutiérrez y Juan Manuel Cambrón deben tener la visión suficiente para analizar el futuro de sus respectivos institutos políticos y de sus seguidores.
Hasta el momento, la senadora Anabel Ávalos es quien tiene mayor trabajo político, estructura e identificación con la sociedad tlaxcalteca. De ahí que pueda convertirse en una opción para enfrentar a Alfonso Sánchez o Ana Lilia Rivera, quienes podrían llegar divididos al no tener la capacidad de construir una candidatura de unidad.
Por cierto, me llamaron la atención algunos comentarios de seguidores cercanos de ambos precandidatos. Los de Alfonso Sánchez dicen que, llegando Alfonso, su esposa hará una limpia de todo lo que huela a morenistas radicales. Los de Ana Lilia Rivera, por su parte, aseguran que, si ella llega, habrá una limpia de todos los lorenistas y que hasta algunos podrían pisar la cárcel, porque no habrá acuerdos, sino únicamente simulación.
Sin duda, son dos posiciones que, más que sumar, dividen a Morena.
Si no cambian las cosas, al tiempo.
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EXPRESIONES Y OPINIONES
MÉXICO SE SIEMBRA
Vicente Morales Pérez*
Hay acciones cuyo verdadero significado no se alcanza a comprender en el momento en que se realizan. Plantar un árbol es una de ellas. Se abre la tierra, se coloca una pequeña raíz, se cubre nuevamente con las manos y, a simple vista, pareciera que todo termina ahí. Sin embargo, en realidad, apenas comienza una historia que puede durar décadas.
Quien planta un árbol hoy está pensando en el mañana; está depositando esperanza en una tierra que habrá de alimentar, proteger y dar sombra a generaciones que quizá todavía no han nacido.
Este domingo 9 de agosto tuve la oportunidad de participar, junto con amigas y amigos de Santa María Ixcotla, Hueyotlipan, en la Jornada Nacional de Reforestación 2026, convocada por nuestra presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, y a la que Tlaxcala se sumó con el liderazgo de nuestra gobernadora, Lorena Cuéllar Cisneros.
En la Ex Hacienda “La Blanca”, entre tierra, árboles y comunidad, volvimos a comprobar algo que debemos recordar con mayor frecuencia: cuidar el medio ambiente no es responsabilidad exclusiva de los gobiernos. Es una tarea colectiva y, sobre todo, una responsabilidad compartida.
La Jornada Nacional de Reforestación representa una movilización ambiental de enormes dimensiones. A nivel nacional se planteó la meta de sembrar 6.6 millones de árboles y plantas en una sola jornada, involucrando a comunidades, ejidos, organizaciones, instituciones y gobiernos.
En Tlaxcala, la estrategia estatal contempló la plantación de más de 80 mil árboles y acciones de restauración sobre aproximadamente 1,060 hectáreas. Son cifras importantes, pero detrás de cada número existe algo todavía más valioso: personas dispuestas a organizarse para defender la vida y el territorio.
Reforestar no significa simplemente colocar árboles donde antes no los había. Significa proteger el suelo frente a la erosión, favorecer la infiltración del agua, recuperar ecosistemas, generar condiciones para la biodiversidad y contribuir a mitigar los efectos del cambio climático.
Cuando sembramos un árbol también estamos sembrando agua. Cuando recuperamos un bosque estamos protegiendo comunidades. Cuando cuidamos nuestros recursos naturales estamos defendiendo una parte fundamental de nuestra soberanía.
Tlaxcala conoce bien el valor de sus bosques y también conoce las consecuencias de perderlos. Nuestra entidad posee un territorio pequeño, pero extraordinariamente rico en historia, comunidades rurales, montañas, tierras de cultivo y ecosistemas que forman parte de nuestra identidad.
Para miles de familias tlaxcaltecas, la relación con la tierra no constituye una idea abstracta: es parte de su vida cotidiana, de su trabajo, de su alimentación y de la historia que han recibido de sus padres y abuelos.
Por eso, la defensa del medio ambiente debe dejar de entenderse como un asunto secundario de la agenda pública. El cambio climático, la disponibilidad del agua, los incendios forestales, la erosión de los suelos, las plagas y la pérdida de biodiversidad están directamente relacionados con nuestra calidad de vida.
La política ambiental es también política social, económica, agrícola y de salud pública. No podemos hablar seriamente del desarrollo de Tlaxcala sin preguntarnos, al mismo tiempo, qué territorio queremos dejar dentro de veinte, treinta o cincuenta años.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha colocado la protección ambiental dentro de una visión nacional que busca combinar desarrollo con sustentabilidad. No es casual. Su propia formación científica permite comprender que los grandes problemas ambientales requieren planeación, conocimiento, inversión pública y, fundamentalmente, participación social.
La transformación de México también debe significar una nueva relación con nuestros recursos naturales: producir sin destruir, desarrollarnos sin hipotecar el futuro y crecer sin olvidar que existe una responsabilidad con las siguientes generaciones.
En Tlaxcala, la gobernadora Lorena Cuéllar ha sumado al estado a este esfuerzo nacional. La participación de miles de personas durante la jornada demuestra que, cuando existe convocatoria y una causa común, nuestra sociedad responde.
Esa imagen de ciudadanos, familias, campesinos, servidores públicos y comunidades trabajando sobre la misma tierra tiene también un profundo significado social: nos recuerda que existen causas capaces de reunirnos más allá de nuestras diferencias.
Pero debemos decir algo con absoluta claridad: una jornada de reforestación no termina el día en que plantamos los árboles. En realidad, ese día comienza.
Un árbol recién plantado necesita cuidado. Necesita agua, protección, seguimiento y tiempo. La verdadera medida del éxito no será solamente saber cuántos árboles fueron sembrados el 9 de agosto, sino cuántos estarán vivos dentro de uno, cinco, diez o veinte años.
La cultura de la reforestación debe ir acompañada de una cultura del cuidado. Plantar produce una fotografía; conservar produce un bosque.
Esta convicción no comenzó para nosotros este domingo. Desde hace tiempo hemos impulsado acciones de reforestación y protección ambiental. En 2024 promovimos el Reto 5000, con el propósito de plantar miles de árboles y, especialmente, generar responsabilidad sobre su cuidado.
La idea de adoptar un árbol tenía precisamente ese sentido: comprender que nuestra relación con él no termina al momento de sembrarlo.
También desde el Congreso hemos levantado la voz ante problemas que amenazan nuestros árboles y zonas forestales, porque defenderlos significa defender nuestro patrimonio natural.
La Jornada Nacional de Reforestación nos permite renovar ese compromiso y llevarlo todavía más lejos.
Creo profundamente que existe una enseñanza política detrás de todo esto. Estamos acostumbrados a evaluar la acción pública por resultados inmediatos. Queremos saber qué obra se inauguró, cuánto recurso se ejerció o qué programa comenzó. Y es correcto exigir resultados.
Pero existen decisiones cuyos frutos solamente pueden apreciarse con el paso de los años.
Un árbol nos enseña precisamente eso.
Quien planta un árbol acepta que no todo tiene que producir un beneficio inmediato. Probablemente serán otros quienes disfruten plenamente su sombra. Serán niñas y niños de hoy, convertidos mañana en adultos, quienes contemplarán muchos de los árboles que ahora apenas podemos sostener entre nuestras manos.
Y quizá esa sea una de las expresiones más nobles del servicio público: trabajar también por personas que nunca conoceremos.
La Cuarta Transformación ha reivindicado principios fundamentales de nuestra vida pública: primero los pobres, la recuperación de derechos sociales, la soberanía nacional, el fortalecimiento de lo público y la participación del pueblo en las grandes decisiones.
A esa visión debemos incorporar cada vez con mayor fuerza una responsabilidad intergeneracional: transformar significa también garantizar que las próximas generaciones reciban un país ambientalmente habitable.
No tenemos derecho a consumir en unas cuantas décadas lo que la naturaleza tardó siglos en construir.
Necesitamos sembrar árboles, pero también sembrar conciencia. Necesitamos recuperar bosques, pero también recuperar la idea de comunidad. Necesitamos proteger el agua y los suelos, pero igualmente enseñar a nuestras niñas y niños que la naturaleza no constituye un recurso infinito del cual podemos disponer sin consecuencias.
Por eso, lo vivido en Santa María Ixcotla tuvo para mí un significado especial. Mientras plantábamos árboles en la Ex Hacienda “La Blanca”, pensé precisamente en las generaciones futuras.
Cada pequeño árbol colocado en esa tierra representa una posibilidad. Algún día podrá convertirse en sombra, refugio para otras especies, protección del suelo y parte del paisaje de una comunidad. Pero, para que eso suceda, debemos cuidarlo.
Ese principio sirve también para nuestro país. México no se transforma únicamente mediante grandes discursos. Se transforma cuando una comunidad se organiza, cuando una familia participa, cuando alguien recoge una pala, cuando se protege un río, cuando se cuida un bosque y cuando miles de personas comprenden que el futuro también depende de lo que hagamos hoy.
El domingo sembramos árboles. Ahora corresponde cuidarlos.
Porque sembrar es creer en el mañana. Sembrar es asumir responsabilidad por los demás. Sembrar es trabajar por nuestros hijos y por los hijos de nuestros hijos.
Y mientras existan mexicanas y mexicanos dispuestos a poner las manos en la tierra para construir un futuro mejor, podremos decirlo con esperanza, pero también con compromiso:
México se siembra. Y Tlaxcala también.
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*Diputado local por Morena.
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¡EXTRA, EXTRA! 4TRASCENDIDOS… SOBRE LA SUCESIÓN DE MORENA EN TLAXCALA
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1. LA TIJERA YA ESTÁ LISTA. Cuentan que en Morena ya sacaron la tijera y que ya estaría prácticamente definida la lista de seis nombres que aparecerán en las encuestas internas para definir a quienes encabezarán las candidaturas a las 17 gubernaturas que estarán en juego el próximo año. La decisión de la dirigencia comandada por Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, ya estaría sobre el escritorio tras los resultados de los sondeos previos con los que se habría armado la famosa lista corta. Y no es para menos. El registro se les salió de las manos. Por ejemplo, mientras en Guerrero llegaron a 30 aspirantes, en Tlaxcala hubo11. Así que, guste o no, habrá “rasurados”. Se dice que, de los registrados en Tlaxcala, sólo cuatro tienen, hoy por hoy, posibilidades reales: Ana Lilia Rivera, Alfonso Sánchez García, Raymundo Vázquez Conchas y Carlos Augusto Pérez Hernández, protagonistas de la reunión del 1 de agosto convocada por el CEN. Los números colocan a dos claramente por encima. Pero aquí viene lo interesante: en Morena no solamente tendrán que escoger a quien tenga más puntos en una encuesta. También necesitarán a alguien capaz de juntar las piezas, hacer acuerdos y evitar que después de la definición todos terminen peleados. Y ahí vuelve a sonar el nombre de Ray Vázquez. El diputado con licencia ya hizo algo que ninguno de los otros ha hecho con la misma claridad: convocó a los aspirantes a un pacto de unidad. ¿Será que mientras unos están preocupados por ganar la encuesta, Ray Vázquez está jugando a ganar la negociación?

2. PRIMERO EL INFORME; DESPUÉS, LA DEFINICIÓN. En los pasillos de Morena ya circula una fecha prácticamente marcada con rojo: después del Informe de Claudia Sheinbaum, el primero de septiembre, comenzará a conocerse quiénes ganaron las encuestas para las 17 gubernaturas. Antes de eso, dicen, no habrá humo blanco, porque la jafa del Ejecutivo federal quiere tener un problema menos en un escenario de alta tensión. Y aunque les sigan diciendo “coordinadores de la Defensa de la Transformación”, todo mundo sabe de qué se trata: de los potenciales candidatos de Morena. La afirmación de que los ganadores de la interna no necesariamente serán los abanderados en 2027 es solo una potestad del partido para asegurar el control de los vencedores más allá del proceso interno. En Tlaxcala, la pelea interna cada día sube más de tono, por lo que se esperan días de intensa actividad: acusaciones, señalamientos, presuntas violaciones a las reglas del proceso y una guerra política que amenaza con dejar heridas antes de que siquiera haya candidato. Entonces surge una pregunta que nadie quiere contestar en voz alta: ¿Quién va a poner orden? Porque si la jefa del Ejecutivo estatal es incapaz —o no tiene interés— en bajar la temperatura, y los grupos siguen jalando cada uno para su lado, Morena corre el riesgo de convertir su proceso interno en una auténtica pelea de familia. Y cuando en una familia se rompe la confianza, después cuesta mucho volver a sentarse a la misma mesa. Por eso vale la pena preguntar también: ¿Quién ofrece más garantías de unidad? ¡Ánimo!

3. ¿UNA MIRADA PUESTA EN 2030? Lo curioso es que mientras los aspirantes están metidos de lleno en la pelea por la gubernatura, en la dirigencia nacional de Morena ya están pensando en el siguiente tablero: las diputaciones federales. Y eso explica muchas cosas. No todos están viendo 2027. Algunos ya están haciendo cuentas para 2030. La decisión de frenar algunas actividades con los aspirantes a las gubernaturas habría generado molestias entre grupos y personajes que tienen estructura propia en los estados. Y no hace falta ser adivino para entender el fondo. Las gubernaturas de 2027 serán importantes, sí, pero también definirán quién tendrá poder, estructura y posiciones para la siguiente gran batalla nacional. Por eso las diputaciones federales forman parte del mismo rompecabezas. Y Tlaxcala no será la excepción. Por lo pronto, entre los aliados ya comienzan a hacer cuentas: ¿un distrito federal para el PVEM, otro para el PT y otro para Morena? Si ese reparto termina sobre la mesa, habrá que ver quién se queda con qué, porque en política nadie regala una candidatura. Todo se negocia. Y a veces una diputación vale mucho más que un discurso de unidad. ¿Veremos a Salvador Santos Cedillo, alcalde de Huamantla, en este escenario?

4. LA CARTA DE LA PARIDAD. Aquí está uno de los datos que algunos aspirantes quizá están pasando por alto. Citlalli Hernández ya dejó claro que Morena no solamente va a revisar quién gana las encuestas. También tendrá que cuadrar las cuentas de paridad de género en las 17 entidades. En pocas palabras: aunque alguien gane una encuesta, eso no necesariamente significa que automáticamente tendrá la candidatura. Primero habrá que ver cuántas mujeres ganan en las mediciones. Si no son suficientes para cumplir con la cuota de paridad, Morena podrá hacer ajustes. Y ahí Ana Lilia Rivera podría tener una ventaja por encima de las encuestas. Si la senadora con licencia llega bien posicionada a la medición nacional y además Morena necesita aumentar el número de mujeres candidatas, su expediente podría volverse todavía más atractivo para la dirigencia nacional. Ojo: eso no quiere decir que ya ganó. Pero sí significa que la pelea de Tlaxcala no se va a resolver solamente en Tlaxcala, porque seguramente el partido valorará si su nominación implica un factor de unidad. Así que, como dicen por ahí, todavía falta mucha tela que cortar. Y en Morena, cuando dicen que todo está definido, generalmente es cuando empieza lo interesante.

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