EXPRESIONES Y OPINIONES
CONSTRUIR SEGURIDAD DURADERA

LUIS ROMERO
La indignación popular ante la inseguridad es comprensible.
La frustración de una ciudadanía que quiere una respuesta más pronta de sus autoridades es real.
Pero convertir esa molestia en justificación para linchamientos o acciones fuera del marco legal no solo es peligroso sino inaceptable.
La semana pasada, Tlaxcala fue escenario de intentos de justicia por mano propia. Y sí, son un recordatorio de la insatisfacción popular ante el delito, pero no algo que deba celebrarse.
Quienes insisten en retratar estos episodios como «el pueblo haciendo el trabajo de la policía» ignoran el costo que esto tiene para el tejido social y el Estado de Derecho.
Una sociedad que normaliza la violencia, por más harta que esté, pierde el rumbo, y se vuelve tan peligrosa como la inseguridad que denuncia.
Ciertamente, ante los ojos de la ciudadanía, la reacción institucional parece, en muchos casos, tardía o insuficiente.
Las autoridades de los tres órdenes de gobierno tienen como tarea pendiente superar el rezago estructural en estrategias de prevención, inteligencia operativa y justicia efectiva.
Algunos esfuerzos de prevención de delito, como los programas contra el embarazo adolescente o contra el consumo de drogas en escuela, pretenden atacar la raíz del problema, pero se desdibujan en la medida en que se minimiza su propósito o se critica su efectividad mucho ante de cumplir sus metas.
Se ha dicho que el pueblo es sabio, pero no es infalible. Los fuegos no se apagan con gasolina, ni se construye seguridad ni gobernabilidad con arengas contra las instituciones.
La sabiduría del pueblo debe traducirse en organización comunitaria responsable.
Asumir los castigos extralegales como justicia inmediata convierte, en los hechos, a los ciudadanos en aquello que tanto temen.
Hoy, Tlaxcala necesita autoridades más efectivas, pero también ciudadanos que comprendan que la violencia nunca puede ser la respuesta si verdaderamente aspira a vivir en un estado seguro y en paz.
Gobierno y pueblo deben construir seguridad duradera basada en la ley y la justicia, no en miedo y desconfianza.