EXPRESIONES Y OPINIONES

“LA CLÍNICA ES NUESTRA”, ¿UN DESLINDE DE RESPONSABILIDADES?

Néstor Jiménez

Las necesidades en el sector salud son inmensas. Hay carencias por todos lados, mire hacia donde mire. Los recortes presupuestales son cada vez mayores, y quienes terminan pagando las consecuencias de esas decisiones son los pacientes hospitalizados, sus familias, los enfermos y los afiliados. Por eso me cuesta entender cuál será la decisión que tomen los derechohabientes del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), cuando les pregunten a dónde quieren que se destinen los recursos para mejorar su unidad médica.

Le cuento que al director general del ISSSTE, Martí Batres, se le ocurrió que sea el pueblo quien decida el destino de esos recursos. El Instituto ya puso en marcha el programa “La Clínica es Nuestra”, el cual consiste en que los afiliados elijan cómo invertir el presupuesto: ya sea en infraestructura, equipamiento, instrumental o mobiliario.

Desde mi punto de vista, esta campaña no es más que una cortina de humo. Parece diseñada para distraer la atención de los afiliados y sus familias, y en un futuro, permitir que el ISSSTE se deslinde de las necesidades actuales de sus clínicas y hospitales. Así, podrían argumentar que fue “el pueblo” —es decir, los afiliados— quien decidió cómo gastar el dinero público.

Esta estrategia aparenta empoderar a los derechohabientes, promover la transparencia y fortalecer la atención preventiva y médica en general. Pero entonces me pregunto: ¿para qué sirve mantener a directivos y personal de planeación si no asumen las responsabilidades que por ley les competen, y en cambio delegan sus decisiones al pueblo?

El Instituto está sumido en un mar de necesidades. Basta con ver el caso de Tlaxcala. En el Hospital del ISSSTE los recortes han sido tan severos que el personal médico, enfermeras, laboratoristas, trabajadores sociales y demás empleados han tenido que extremar precauciones para poder atender a los pacientes con lo poco que tienen. Incluso han llegado a utilizar gasas contaminadas para limpiar materiales, porque —según les dijeron— “desde México nos dieron la indicación de ahorrar material”.

No tardará en estallar una nueva manifestación que exhiba las graves carencias en las que se encuentra el Instituto. Y los trabajadores tendrán razón. El patrón —el ISSSTE— está legalmente obligado a proporcionar los insumos suficientes y necesarios para brindar atención médica oportuna, sin poner en riesgo la salud del paciente ni la del personal médico, de enfermería o de cualquier otro trabajador del sector.

Después de presentar estas evidencias, la pregunta sigue en el aire: ¿qué decisión tomarán los afiliados para mejorar el servicio? Tal vez opten por rehabilitar el hospital, dar mantenimiento preventivo o adquirir insumos básicos como vendas, gasas, guantes, jeringas y medicamentos. O quizá prefieran mejorar la infraestructura. Lo preocupante es que solo podrán elegir una opción, mientras soportan las precarias condiciones de muchas áreas médicas.

Como puede ver, las necesidades son muchas y los recursos, pocos. Por eso, en lugar de impulsar una campaña populista y superficial, el director general del ISSSTE debería enfocarse en diseñar soluciones reales, y no en intentar engañar al “pueblo sabio” con propuestas así.

A muchos mexicanos nos gustaría ver a las autoridades del ISSSTE atendiéndose en los hospitales públicos. Que por un momento dejen el cargo y regresen a ser pueblo, para que conozcan de primera mano las carencias y necesidades del sistema de salud. El pueblo sabio les confió el gobierno, y sería lamentable que quienes están al frente del Instituto se atiendan en hospitales privados, sin hacer uso del servicio médico que representan.

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