EXPRESIONES Y OPINIONES
MORENA EN TLAXCALA: DEFECTOS DEL RUIDO DEMOSCÓPICO
LUIS ROMERO
En Tlaxcala hay una coincidencia a valorar: todas las encuestas colocan a Morena al frente en la carrera por la gubernatura. Donde no hay acuerdo —ni de lejos— es en quién debe encabezar esa candidatura.
Las mediciones dicen algo claro, pero a menudo mal interpretado: la simpatía ciudadana está con Morena como proyecto político, no propiamente con alguno de sus aspirantes en lo individual. Y hay un detalle metodológico clave que parece omitirse: la mayoría de estas encuestas no evalúan gobierno, sino posicionamiento partidista. Es decir, miden marca.
En paralelo, los estudios han intentado capturar la popularidad de distintos nombres —algunos abiertamente en campaña, otros no tanto—, con resultados dispares que, lejos de aportar certezas, han alimentado la incertidumbre. Más aún, han dejado fuera una variable determinante en la lógica interna del partido: Morena no solo mide preferencias; también define candidaturas bajo criterios de paridad de género —y hasta lealtad partidista—.
Y no es tema menor, es una regla del juego. Hay precedentes claros: en 2023, Omar García Harfuch y Clara Brugada compitieron por la coordinación de la defensa de la transformación en la Ciudad de México —esto es, la candidatura a la jefatura de Gobierno—, la cual obtuvo Brugada por criterios de paridad de género, a pesar de que Harfuch lideraba las encuestas de popularidad. En pocas palabras: la asignación de candidaturas puede ajustarse, incluso por encima de resultados de encuestas, para cumplir con dicho principio.
En consecuencia, la popularidad es un insumo, no un veredicto. Y lo es todavía menos en estados como Tlaxcala, donde la ventaja del partido es amplia y la oposición carece, por ahora, de fuerza competitiva. En escenarios así, la definición del género puede pesar más que las diferencias porcentuales entre aspirantes. O dicho de otro modo: cuando la elección no se percibe como cerrada, la lógica interna del partido —no la presión externa— es la que termina imponiéndose.
Sin embargo, el problema no está solo en cómo se interpretan las encuestas, sino en lo que están provocando. Los abusos en su difusión han comenzado a generar más tensiones internas que confianza en el triunfo. La unidad, que debería ser el principal activo de Morena en la entidad, muestra signos de desgaste. Y eso, a nivel nacional, no pasa desapercibido.
Por ello, quien eventualmente sea designado como coordinador de defensa de la Cuarta Transformación no tendrá como primera tarea ganar votos, sino evitar fracturas. Antes que construir una campaña hacia afuera, deberá construir acuerdos hacia adentro. Bajo esta lógica, el criterio central no será quién aventaja en las preferencias hoy, sino quién garantiza cohesión mañana, porque lo que está en juego para Morena no es solo una elección, sino la continuidad de su proyecto político. Y para eso, el perfil requerido no es únicamente uno competitivo, sino disciplinado, experimentado y, sobre todo, confiable para la dirigencia nacional y el Ejecutivo federal.
En este contexto, tampoco puede ignorarse otro factor: el incumplimiento de reglas internas. Varios aspirantes han desatendido el llamado a evitar campañas anticipadas. Incluso, hubo señalamientos, quejas y denuncias ante autoridades electorales, y aunque no derivaron en medidas cautelares, sí exhibieron una contradicción de fondo: la dificultad de romper, en los hechos, con prácticas del pasado que tanto critica el partido, en agravio de la imagen de la Cuarta Transformación.
Así, el proceso en Tlaxcala no se definirá únicamente en las encuestas que circulan a todo motor, sino en variables menos visibles, pero más decisivas: disciplina, lealtad, capacidad de negociación y alineación con los liderazgos -formales y morales- del partido. Conviene, entonces, tomar distancia del ruido demoscópico, porque en Morena, como en cualquier estructura de poder, el orden interno suele pesar más que la percepción pública.
Las opiniones, juicios y valoraciones expresadas en este espacio son responsabilidad exclusiva de su autor, por lo que no representan ni comprometen, de manera directa o indirecta, la postura, criterio o línea editorial del portal de noticias otrosdatos.com.mx
EXPRESIONES Y OPINIONES
ÓSCAR FLORES Y LA POLÍTICA DE LOS RESULTADOS
Manuel Martínez
En la política mexicana existen dos formas de construir una trayectoria pública. La primera consiste en la exposición permanente, los discursos y la promoción personal. La segunda se sustenta en los resultados, la capacidad de gestión y la construcción de gobiernos capaces de responder a las demandas ciudadanas. En esa segunda ruta comienza a destacar el nombre de Óscar Flores Jiménez.
Su desempeño al frente de la Secretaría de Finanzas del Estado de México ha cobrado relevancia no solamente por la responsabilidad que implica administrar las finanzas de la entidad más poblada del país, sino porque los resultados obtenidos permiten identificar un modelo de gobierno basado en la estabilidad financiera, la disciplina administrativa y el fortalecimiento de las capacidades institucionales.
No se trata de un dato menor. El Estado de México se ha consolidado como uno de los principales motores económicos nacionales, condición que exige finanzas sanas y una administración eficiente de los recursos públicos.
Por supuesto, el liderazgo de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez ha impulsado una visión orientada al bienestar social, pero también al fortalecimiento de las bases financieras que permiten sostener las políticas públicas. Y los números ayudan a explicar esa realidad.
Durante el ejercicio fiscal 2025, el Estado de México registró ingresos casi siete por ciento superiores a los proyectados en la Ley de Ingresos. El resultado no fue producto de la casualidad ni de factores extraordinarios. Respondió a una estrategia enfocada en mejorar la recaudación, fortalecer los mecanismos de fiscalización y optimizar la gestión de recursos federales, consecuencia de la labor de la Secretaría de Finanzas, a cargo de Flores Jiménez.
Evidentemente, un gobierno que administra con responsabilidad genera condiciones para atender mejor las necesidades de la población sin recurrir a medidas que incrementen la carga fiscal sobre los ciudadanos.
Esa es una de las lecciones más importantes de la administración pública moderna: La confianza ciudadana no se construye únicamente mediante programas sociales o discursos políticos; también se fortalece cuando las instituciones demuestran capacidad para manejar los recursos públicos con eficiencia, transparencia y visión de largo plazo.
Por ello, el caso de Óscar Flores Jiménez resulta particularmente relevante en el contexto político actual. Su gestión proyecta atributos que cada vez adquieren mayor valor en una sociedad que exige resultados concretos y soluciones efectivas a los problemas cotidianos.
Más aún, la experiencia mexiquense aporta elementos que podrían ser útiles para otras entidades del país. Los gobiernos que logran combinar estabilidad financiera con políticas orientadas al bienestar social suelen generar mayores niveles de legitimidad y respaldo ciudadano.
Obviamente, Tlaxcala no es ajena a ese debate. A medida que comienzan a perfilarse los escenarios políticos rumbo a la sucesión gubernamental de 2027, la discusión ya no gira únicamente en torno a nombres o grupos políticos, sino sobre los perfiles con capacidad para garantizar continuidad institucional, estabilidad administrativa y resultados verificables.
En ese contexto, la trayectoria de Óscar Flores Jiménez adquiere una dimensión adicional. No solo representa a un funcionario con experiencia en una de las administraciones estatales más importantes del país, sino a un perfil que ha vinculado su actividad pública con conceptos que hoy resultan indispensables para cualquier proyecto político: eficacia gubernamental, responsabilidad financiera y cercanía con las necesidades de la población.
Al final, más allá de la competencia política, los ciudadanos suelen evaluar a sus gobiernos bajo una pregunta sencilla: ¿mejoró o no mejoró mi calidad de vida? Y la respuesta a esa pregunta rara vez se encuentra en los discursos. Generalmente aparece en los resultados y las personas que los producen.
EXPRESIONES Y OPINIONES
CAMBIA MORENA Y LORENA SU DISCURSO DE CONTINUIDAD O PUEDE SURGIR LA ALTERNANCIA
Miguel Ángel Meléndez Nava
Con la novedad de que, de no haber cambios de último momento, ya solo faltan tres semanas para que Morena abra su convocatoria para que todos los aspirantes que quieran gobernar Tlaxcala se inscriban al proceso interno, donde las encuestas, las bardas, los espectaculares, la propaganda y una serie de acciones que ya realizaron los suspirantes quedarán únicamente como el recuerdo de una campaña anticipada.
A partir del 22 de junio será la dirigencia nacional de ese partido la que valore a cada uno de los precandidatos para determinar si cumplen con los requisitos para participar en el proceso. Seguramente será una evaluación minuciosa, ya que las encuestas pasarán a un segundo término.
La dirigente nacional, Ariadna Montiel, ya lo ha dicho y repetido en diversas ocasiones: los candidatos y candidatas deben cumplir con perfiles de preparación profesional, experiencia, resultados y, principalmente, no estar relacionados ni señalados por actos de corrupción o por presuntos nexos con la delincuencia organizada.
En el entorno de Morena suenan cuatro o cinco nombres de hombres y mujeres que ya iniciaron campañas abiertas. La guerra de encuestas continúa y, semana tras semana, aparecen resultados distintos según quién las financie. Sin embargo, este mecanismo ya ha generado hartazgo entre la sociedad tlaxcalteca, que considera una ofensa que algunos aspirantes intenten ver a los ciudadanos como personas que necesitan ser inducidas para tomar una decisión política.
La lucha por la candidatura ha provocado una guerra de declaraciones y señalamientos que mantiene divididos y confrontados a simpatizantes de Alfonso Sánchez y de Ana Lilia Rivera. Esta disputa interna está generando una fractura que podría derivar en mayores confrontaciones, pues la pasión y el fanatismo desbordados están desgastando al partido en el poder.
Eso, sin duda, lo sabe la dirigencia nacional morenista. Por ello, ya resulta necesario un relevo en la dirigencia estatal encabezada por Marcela González, quien no ha demostrado la capacidad para convertirse en una operadora política que garantice piso parejo para todos los aspirantes.
Si bien sus simpatías parecen estar del lado de su esposo, en política los sentimientos deben quedar de lado, especialmente cuando el partido atraviesa una crisis de credibilidad. Miles de militantes y simpatizantes de Morena manifiestan inconformidad ante lo que consideran un intento de imponer al presidente municipal Alfonso Sánchez, por lo que advierten que, de concretarse una imposición, podrían retirar su apoyo e incluso votar en contra, abriendo así la posibilidad de una nueva alternancia política en Tlaxcala.
La derrota del partido en el poder en Coahuila seguramente ya encendió los focos rojos, no solo en la dirigencia nacional de Morena, sino también en Palacio Nacional. Perder las 16 diputaciones locales en disputa representó un mensaje claro de que el morenismo no es tan invencible como algunos sectores de la élite partidista quisieran creer.
A ello se suman los señalamientos y listas filtradas desde Estados Unidos, en las que aparecen mencionados gobernadores, senadores y funcionarios públicos presuntamente vinculados con actividades ilícitas. Este contexto está impactando al movimiento y, a un año de las elecciones de 2027, Morena no puede darse el lujo de seguir dividiéndose por intereses personales, grupos políticos o proyectos de carácter dinástico.
Si bien Tlaxcala es considerado por algunos como un estado donde Morena puede ganar con cualquier candidato o candidata, la realidad podría ser distinta. Principalmente porque tanto la gobernadora Lorena Cuéllar como la dirigente estatal Marcela González impulsan una narrativa de continuidad que miles de tlaxcaltecas desaprueban.
Y no lo digo yo; diversas encuestas nacionales muestran que el gobierno lorenista se encuentra entre los de menor aprobación del país. Esta situación afecta directamente las aspiraciones del llamado «delfín» político.
Por otro lado, la desesperación parece haber llegado a tal nivel que algunos simpatizantes filtraron a diversos medios una supuesta lista en la que se aseguraba que a Tlaxcala le correspondería una candidatura femenina. Sin embargo, para muchos observadores aquello no fue más que una estrategia para generar expectativas entre ciertos sectores.
La realidad es que Morena deberá apostar por un perfil que garantice unidad, capacidad de operación política y resultados comprobables. Quizá por ello, entre productores del campo, obreros, maestros y en los corrillos políticos, cafeterías, oficinas gubernamentales e incluso en reuniones familiares, el nombre de Óscar Flores Jiménez comienza a mencionarse con mayor frecuencia como una de las opciones más competitivas para encabezar el proyecto morenista rumbo a 2027.
Será cuestión de tiempo para que las definiciones internas despejen todas las dudas.
EXPRESIONES Y OPINIONES
ÓSCAR FLORES: LA DISCIPLINA TAMBIÉN CONSTRUYE CANDIDATURAS
MANUEL MARTÍNEZ
A finales de abril, una versión recorrió los círculos políticos de Tlaxcala con la velocidad que suelen tener los rumores en tiempos de sucesión: Óscar Flores Jiménez se bajaba de la contienda interna de Morena por la candidatura al gobierno estatal.
La interpretación surgió a partir de declaraciones prudentes del actual secretario de Finanzas del Estado de México, quien evitó colocarse anticipadamente en la disputa electoral. Para algunos observadores, aquello significaba el final de sus aspiraciones políticas. Sin embargo, los hechos ocurridos desde entonces parecen contar una historia distinta.
Mientras otros actores han optado por la exposición permanente, la promoción personalizada o la guerra de encuestas, el político tlaxcalteca ha mantenido una estrategia diferente: respetar los tiempos marcados por Morena y por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
La diferencia no es menor. En un proceso donde la dirigencia nacional ha insistido en evitar actos anticipados de campaña y donde la disciplina partidista se ha convertido en un factor de evaluación política, la conducta de los aspirantes podría terminar teniendo un peso mayor del que hoy reflejan las mediciones demoscópicas.
Quizá por ello resulta interesante observar lo que ocurre fuera de las encuestas. Uno de los casos más visibles es el crecimiento de la Red de Mujeres “Orden y Futuro Juntas”, una organización ciudadana afín al morenista que recientemente alcanzó las 700 integrantes. Más allá de la cifra, vale la pena observar un fenómeno que suele pasar desapercibido en los análisis convencionales: la construcción de estructuras sociales que operan fuera del debate mediático cotidiano.
Mientras la conversación pública se concentra en porcentajes, posicionamientos y sondeos mensuales, en distintos municipios comienzan a surgir expresiones ciudadanas que buscan influir en la discusión sobre el futuro político del estado. Eso explica por qué la narrativa de que la competencia interna de Morena se reduce a dos nombres empieza a encontrar resistencias en algunos sectores de la militancia y entre simpatizantes del movimiento.
La política, después de todo, no se construye únicamente en las encuestas. También se construye a partir de la capacidad para generar consensos, establecer vínculos con distintos sectores sociales y mantener una relación cercana con la ciudadanía. Son factores menos visibles, pero frecuentemente determinantes cuando llegan los momentos de definición.
En ese contexto, la trayectoria de Óscar Flores Jiménez presenta elementos que merecen atención. Su paso por responsabilidades administrativas de alto nivel, su experiencia técnica en materia financiera y su participación en uno de los gobiernos estatales más importantes del país le han permitido construir un perfil distinto al de otros actores que han privilegiado la promoción política por encima de los resultados de gestión.
Por supuesto, aún falta tiempo para las definiciones internas de Morena. Y, como ha ocurrido en procesos anteriores, los criterios finales probablemente incluirán variables que van más allá de la mera popularidad. La principal de ellas podría ser la capacidad para preservar la unidad.
En un partido donde la continuidad del proyecto político es prioritaria, quienes aspiren a una candidatura deberán demostrar no solo respaldo social, sino también capacidad para conciliar intereses, construir acuerdos y fortalecer la cohesión interna; una variable que difícilmente aparece en las encuestas, pero que suele resultar determinante en las decisiones políticas.
Por ello, mientras continúa la disputa por los reflectores, conviene observar además lo que ocurre fuera de ellos. Si algo ha demostrado la historia reciente de Morena es que las candidaturas no siempre recaen en quienes encabezan las mediciones, sino en quienes mejor representan los principios, la disciplina y los objetivos estratégicos del movimiento. Y ahí es donde Óscar Flores posee una gran ventaja.
Las opiniones, juicios y valoraciones expresadas en este espacio son responsabilidad exclusiva de su autor, por lo que no representan ni comprometen, de manera directa o indirecta, la postura, criterio o línea editorial del portal de noticias otrosdatos.com.mx
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