EXPRESIONES Y OPINIONES
LA JUVENTUD NO ES EL FUTURO: YA DECIDE EL RUMBO DE TLAXCALA Y MÉXICO
ANA LILIA RIVERA RIVERA
Durante años escuchamos lo mismo: “la juventud es el futuro”. Y sí, sonaba bonito. Pero también significaba algo más: esperar. Esperar a crecer, esperar a tener experiencia, esperar a que alguien más diera permiso para participar. Muchas generaciones crecieron con esa idea. Cerca de las decisiones, pero sin poder tomarlas.
Hoy, en Tlaxcala, eso ya cambió. Hoy veo a jóvenes que no están dispuestos a esperar. Jóvenes que se organizan, que levantan la voz, que toman decisiones en sus comunidades sin pedir permiso. Jóvenes que entendieron algo muy importante: que su momento no es mañana, es ahora. Y eso se nota.
Se nota en quienes impulsan proyectos culturales en sus pueblos, en quienes defienden el medio ambiente, en quienes cuidan el maíz nativo como parte de su identidad, en quienes se organizan para mejorar su colonia o acompañar causas sociales. No siempre salen en las noticias, pero están transformando su entorno todos los días. Esa es la nueva forma de hacer política. Una que no siempre pasa por los reflectores, pero sí por el compromiso.
Porque participar no es sólo estar. Es saber para qué estás. Es entender que cada decisión tiene un impacto, por pequeño que parezca. Y ahí está uno de los mayores retos: hacer que esa participación tenga rumbo y un propósito.
Nunca antes las juventudes habían tenido tantas herramientas. Más acceso a la información, más oportunidades de formación, más formas de conectarse y organizarse. Hoy es más fácil que nunca alzar la voz. Pero también es más necesario que nunca saber qué decir y para qué decirlo.
El liderazgo también está cambiando. Ya no se mide sólo en años, sino en compromiso. En conocer la realidad que se vive todos los días y en decidir hacer algo para cambiarla. Y lo más valioso es que muchas y muchos jóvenes tlaxcaltecas han logrado llevar sus causas más allá de sus municipios, incluso a espacios internacionales. Eso demuestra algo poderoso: que desde lo local también se construye país.
Porque la democracia no vive sólo en las instituciones. Vive en lo cotidiano. En cada persona que decide involucrarse, que deja de mirar desde fuera y asume su responsabilidad. Y ahí, la juventud ya no es espectadora. Es protagonista.
Un estado con juventudes activas, informadas y comprometidas es un estado más fuerte. Un país donde las y los jóvenes participan es un país que decide mejor su destino. Por eso, el mensaje es claro: no hay que esperar.
Tlaxcala no necesita juventudes en pausa. Necesita juventudes presentes, conscientes y decididas. Jóvenes que entiendan que lo que hacen en su comunidad tiene impacto en todo México.
Saber que la democracia no se hereda, se ejerce. Y hoy, en Tlaxcala, la juventud ya la está ejerciendo. Por eso el futuro dejó de ser una promesa: hoy ya está pasando. Así lo he constatado en mis visitas de trabajo que en las últimas semanas he tenido el privilegio de hacer en diversas universidades de nuestro estado. Y eso me llena de orgullo.
Senadora de la República por el Estado de Tlaxcala
Las opiniones, juicios y valoraciones expresadas en este espacio son responsabilidad exclusiva de su autor, por lo que no representan ni comprometen, de manera directa o indirecta, la postura, criterio o línea editorial del portal de noticias otrosdatos.com.mx
EXPRESIONES Y OPINIONES
DOCE AÑOS DE MORENA: LA FUERZA DE UN PUEBLO QUE DECIDIÓ TRANSFORMAR A MÉXICO
Ana Lilia Rivera Rivera*
El 9 de julio de 2014 marcó un momento histórico para México. Ese día, Morena obtuvo su registro como partido político nacional. Más allá de un acto jurídico, nació la esperanza organizada de millones de mexicanas y mexicanos que decidieron convertir la indignación en participación y la participación en transformación.
Morena no surgió de los escritorios del poder ni de los acuerdos entre élites. Nació de la voluntad de un pueblo que durante décadas caminó, luchó, resistió y mantuvo viva la convicción de que México podía ser distinto. Antes de ser partido, fuimos movimiento. Antes de contender en las urnas, recorrimos plazas, comunidades y hogares sembrando una revolución de conciencias que hoy ha transformado a una nación entera.
Tengo el enorme orgullo de decir que soy fundadora de Morena. Viví esa etapa en la que construir un partido significaba recorrer caminos con más convicción que recursos; convencer con ideas y no con dinero; organizar asambleas, tocar puertas y enfrentar el escepticismo de quienes pensaban que era imposible vencer al viejo régimen.
Como secretaria general del Comité Ejecutivo Estatal Fundacional de Morena en Tlaxcala, responsable de la Asamblea Estatal Fundacional y, posteriormente, comisionada para contribuir a la organización del partido en diversas entidades del país, aprendí que la mayor fortaleza de nuestro movimiento siempre ha sido su gente.
Han transcurrido doce años desde aquel registro histórico y los resultados hablan por sí mismos. México emprendió una transformación profunda que colocó en el centro de las decisiones públicas a quienes durante mucho tiempo fueron olvidados. La política dejó de servir a unos cuantos para convertirse en un instrumento de justicia social.
Hoy, millones de personas adultas mayores reciben una pensión; las y los jóvenes cuentan con mayores oportunidades para estudiar y trabajar; el salario mínimo ha recuperado su poder adquisitivo; los programas sociales son derechos constitucionales; la corrupción dejó de ser una forma de gobierno y la vida pública se conduce bajo principios que antes parecían inalcanzables: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo.
Nada de ello habría sido posible sin el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, quien convirtió una causa social en un proyecto nacional. Tampoco habría sido posible sin la conducción de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien hoy continúa consolidando el Segundo Piso de la Cuarta Transformación, con la convicción de que gobernar significa profundizar la justicia social, fortalecer las instituciones y ampliar los derechos del pueblo.
Sin embargo, sería un error pensar que la transformación depende únicamente de sus dirigentes. La verdadera fuerza de Morena sigue estando en su militancia, en las mujeres y los hombres que creen que la política debe ejercerse con ética, honestidad y un profundo amor por México.
Por ello, este aniversario también representa una oportunidad para recordar que Morena no puede apartarse de sus principios fundacionales. Debemos cuidar que el movimiento conserve su esencia: caminar junto al pueblo, escuchar sus demandas, actuar con humildad y mantener siempre abiertas las puertas a quienes luchan por un país más justo.
Los partidos nacen, crecen y, en ocasiones, olvidan por qué fueron creados. Morena tiene la enorme responsabilidad histórica de no perder nunca la memoria de su origen. Nuestro compromiso no es con el poder por el poder mismo, sino con la transformación permanente de México y con la construcción de una nación donde la dignidad, la igualdad y la justicia sean una realidad para todas y todos.
Doce años después, sigo creyendo con la misma convicción que me llevó a participar en la fundación de este movimiento. Sigo convencida de que, cuando el pueblo es protagonista de su propia historia, no existe obstáculo capaz de detener el cambio.
Morena nació del pueblo. Al pueblo se debe. Y será siempre el pueblo quien marque el rumbo de la Transformación.
Senadora de la República por el Estado de Tlaxcala*
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EXPRESIONES Y OPINIONES
MORENA: EL CONTROL DEL PROCESO INTERNO
Luis Romero
La reconfiguración de la dirigencia nacional de Morena responde a un movimiento político que tendrá efectos directos en los 17 estados donde habrá elecciones para gobernador en 2027, entre ellos Tlaxcala.
Los recientes cambios en la estructura partidista envían un mensaje claro: la dirigencia nacional, encabezada por Ariadna Montiel, busca conducir de manera más estrecha el proceso de definición de candidaturas y reducir los márgenes de disputa interna que comenzaron a manifestarse desde hace varios meses.
La maniobra no es casual. El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo enfrenta presiones tanto en el ámbito interno como en el escenario internacional, mientras intenta consolidar el llamado Segundo Piso de la Cuarta Transformación. En ese contexto, preservar la unidad del partido se convierte en una prioridad política.
El regreso de Citlalli Hernández al Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena fue interpretado dentro del partido como un fortalecimiento de la conducción política del proceso sucesorio. No se trata únicamente de definir 17 candidaturas a gubernaturas; también estarán en juego cientos de presidencias, sindicaturas, regidurías, y diputaciones locales y federales, cuya importancia será determinante para mantener la presencia territorial del movimiento.
Naturalmente, estos cambios modifican los equilibrios internos y reducen la influencia de algunos operadores políticos identificados con el obradorismo.
Versiones surgidas desde la dirigencia morenista apuntan a que las negociaciones para construir candidaturas de unidad han resultado más complejas de lo previsto. En varios estados ha sido necesario convencer a algunos aspirantes de retirarse de la contienda para evitar fracturas internas, una operación política que aún continúa, y que seguramente se extenderá hacia la definición del resto de candidaturas para los ayuntamientos y los congresos locales y federal.
En ese contexto cobra relevancia la declaración que realizó semanas atrás la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena en Tijuana, al advertir que obtener una Coordinación Estatal para la Defensa de la Transformación no garantiza automáticamente la candidatura al gobierno de una entidad.
El mensaje tuvo un evidente contenido político: Morena busca dejar atrás la percepción de que las coordinaciones representan una candidatura anticipada para disciplinar a las y los aspirantes. La intención, al parecer, es mantener abiertas las posibilidades de decisión hasta etapas posteriores al proceso interno, con el propósito de preservar márgenes de maniobra que permitan atender las necesidades estratégicas del movimiento.
Por ello, aunque la convocatoria privilegia el método de la encuesta y contempla un sondeo previo para seleccionar seis perfiles —en casos como Tlaxcala, donde se registraron 11 aspirantes—, el partido conserva la posibilidad de incorporar variables adicionales, como la paridad de género, para garantizar la unidad interna.
Esto significa que la competitividad no necesariamente será el único criterio para definir una candidatura, especialmente en entidades donde Morena mantiene una amplia preferencia electoral.
Para quienes participen en los procesos internos, la señal es clara. Y para quienes puntean en los estudios demoscópicos, es una advertencia: obtener una Coordinación Estatal puede representar una ventaja política, pero ya no constituye un pase automático para aparecer en la boleta electoral.
Esta definición adquiere especial relevancia en Tlaxcala, donde la disputa interna comenzó hace varios meses y ha involucrado a distintos liderazgos.
En ese escenario, la capacidad para preservar la cohesión del partido sería ponderada, por lo que el oficio político de perfiles como Ana Lilia Rivera Rivera y Alfonso Sánchez García será estratégica para concretar negociaciones. Ya la senadora con licencia dio indicios de tal posibilidad con su llamado a la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros para procurar la unidad.
Para Morena, la elección de 2027 ya comenzó, y las decisiones recientes de la dirigencia nacional muestran que, para el partido en el poder, el control del proceso interno será tan importante como el resultado en las urnas.
EXPRESIONES Y OPINIONES
¡EXTRA, EXTRA! 4TRASCENDIDOS… LA PRIMERA ENCUESTA DE ASPIRANTES DE MORENA AL GOBIERNO ESTATAL
OTROSDATOS.COM.MX
1. POSICIONAMIENTO E IMAGEN. La primera encuesta de Massive Caller sobre las y los aspirantes registrados de manera presencial para encabezar la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación en Tlaxcala deja una conclusión que conviene no perder de vista: no se trata de una medición de intención de voto mediante boleta simulada, sino de un análisis de atributos que Morena considera relevantes para valorar la competitividad de sus perfiles.
La diferencia es sustancial. Quien interprete estos resultados como si ya fueran una elección adelantada corre el riesgo de sacar conclusiones equivocadas. Lo que realmente muestra el estudio es el nivel de posicionamiento, conocimiento, aceptación e imagen de cada aspirante.
Bajo esa lógica, la encuesta confirma un escenario dividido en tres niveles de competencia. En el primero aparece una figura claramente consolidada: Ana Lilia Rivera Rivera, quien domina prácticamente todos los indicadores. En un segundo escalón se ubican Alfonso Sánchez García, Héctor Bernardo Paredes Mora y Salvador Santos Cedillo, cada uno con fortalezas particulares que los mantienen en la disputa. Más abajo aparece un tercer bloque integrado por Raymundo Vázquez Conchas, Carlos Augusto Pérez Hernández, Irma Yordana Garay Loredo, Vicente Emilio Ponce Cano, Concepción Sánchez González y Floria María Hernández Hernández, cuyos niveles de posicionamiento todavía resultan insuficientes para competir por el liderazgo de la contienda.

2. LIDERAZGO CONSOLIDADO. Si algo deja claro la medición es que Ana Lilia Rivera llega como la aspirante más sólida del proceso interno. No sólo encabeza el Índice de Fortaleza Electoral, sino que domina prácticamente todas las variables relevantes: conocimiento, identificación con Morena, opinión positiva, aceptación como candidata, preferencia, cercanía con la gente, conocimiento del estado, percepción de cumplimiento e incluso disposición final de voto.
La amplitud de su ventaja tampoco es menor. En varios indicadores supera por más de diez puntos porcentuales a su competidor más cercano, lo que refleja un liderazgo transversal que no depende únicamente de ser ampliamente conocida.
La diferencia radica en que ha logrado convertir notoriedad en respaldo político. Es decir, la ciudadanía no sólo sabe quién es, sino que además la identifica con Morena y manifiesta disposición para respaldarla electoralmente. En cualquier proceso interno, esa combinación suele ser la más difícil de construir.

3. COMPETENCIA ABIERTA. Aunque el liderazgo de Ana Lilia Rivera parece claro, la disputa por convertirse en la principal alternativa permanece completamente abierta.
Alfonso Sánchez conserva altos niveles de conocimiento público; Salvador Santos demuestra una relación muy eficiente entre el nivel de conocimiento que posee y su aceptación personal, mientras que la sorpresa la protagoniza Héctor Bernardo Paredes, quien aparece como segundo lugar en la pregunta de preferencia para candidato de Morena, pese a tener un conocimiento relativamente bajo.
Cada uno representa una fortaleza distinta y eso anticipa que la verdadera competencia podría centrarse en definir quién logra consolidarse como el perfil masculino con mayores posibilidades.
Además, existe un componente político adicional. La presencia de Santos Cedillo adquiere especial relevancia considerando la posición previamente expresada por la dirigencia estatal del PVEM: si la candidatura corresponde a una mujer, el respaldo sería para Ana Lilia Rivera; pero si Morena postula a un hombre, el escenario de la alianza podría modificarse significativamente de imponerse Sánchez García. En otras palabras, la encuesta no sólo mide aspirantes; también empieza a perfilar el margen de negociación entre los aliados de la coalición.

4. BAJO POSICIONAMIENTO. El tercer bloque ofrece quizá las lecturas más interesantes porque demuestra que el conocimiento no necesariamente se traduce en competitividad.
El caso más evidente es el de Carlos Augusto Pérez. Se ubica entre los personajes más conocidos de la medición, pero esa notoriedad apenas se refleja en la preferencia para ser candidato. Su estrategia de presencia permanente y comunicación institucional parece generar visibilidad, aunque todavía no consigue construir un mensaje diferenciador que conecte políticamente con la ciudadanía.
Algo similar ocurre con Raymundo Vázquez. Sus conferencias semanales le han permitido mantener presencia pública y conservar cierto nivel de identificación con Morena; sin embargo, sus indicadores de imagen positiva e intención de voto permanecen por debajo de otros perfiles masculinos. El desafío es evidente: transformar exposición mediática en respaldo electoral.
También llama la atención la ausencia del diputado federal Alejandro Aguilar López, quien realizó su registro de manera virtual y no fue incluido en la medición. En tanto, Irma Yordana Garay, Floria María Hernández, Vicente Emilio Ponce y Concepción Sánchez aparecen con niveles de posicionamiento limitados, todavía lejos de la disputa real por la candidatura.
Al menos por ahora, la encuesta dibuja una contienda con pocos protagonistas y varios aspirantes que aún tienen un largo camino por recorrer antes de aspirar seriamente a la nominación morenista, de cara al 2027.

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